Ciudades y consumo : cómo Europa está replanteándose la moda para luchar contra el desperdicio textil
Theresa Mörsen, noviembre 2024
En un mundo en el que la industria de la moda produce el doble de fibras que hace 20 años, lo que genera 16 kg de residuos textiles por europeo cada año, las ciudades se están convirtiendo en actores clave para invertir esta tendencia. Ante el auge de la moda rápida, responsable de la contaminación, el despilfarro de recursos y las condiciones laborales precarias, los ayuntamientos europeos están explorando soluciones locales innovadoras para promover una moda más sostenible, circular y sobria.
Este informe de Zero Waste Europe muestra cómo, actuando en los ámbitos de la educación, la reutilización, la reparación y la regulación, las ciudades pueden reducir el consumo excesivo de textiles al tiempo que refuerzan la economía local y sensibilizan a los ciudadanos. Un enfoque que demuestra que el cambio es posible, incluso frente a un sistema globalizado.
Para descargar: zwe_nov24_report_textilesufficiency_edited.pdf (10 MiB)
Una realidad alarmante : la moda rápida, una lacra medioambiental y social
La industria mundial de la moda ha experimentado un crecimiento sin precedentes en las últimas décadas. Desde el año 2000, la producción de fibras se ha más que duplicado, y cada europeo tira de media 16 kg de textiles al año, lo que supone un total de 6,95 millones de toneladas para la Unión Europea en 2020. Sin embargo, solo el 12 % de estos residuos se recoge de forma selectiva para ser reciclado o reutilizado. El resto acaba en los contenedores convencionales, para luego ser incinerado o enterrado, lo que agrava la contaminación y el despilfarro de recursos.
La moda rápida, caracterizada por precios bajos, tendencias efímeras y producción en masa, ha transformado nuestros hábitos de consumo. Ahora las prendas se tiran tras solo unos pocos usos, a menudo debido a que no quedan bien o a la percepción de que tienen poco valor, más que por un desgaste real. Peor aún, esta industria se basa en materiales sintéticos derivados del petróleo, condiciones laborales precarias y la externalización de los costes medioambientales y sociales.
Ante esta realidad, las ciudades europeas, las más afectadas por la gestión de los residuos textiles, buscan soluciones locales para reducir el consumo excesivo y promover una moda más sostenible. Sobre todo porque, a partir de 2025, la Unión Europea obligará a los ayuntamientos a recoger los textiles de forma selectiva, una obligación que supone un importante reto logístico y económico.
La sobriedad textil: una respuesta sistémica
El concepto de sobriedad (o «sufficiency» en inglés) surge como una alternativa radical al consumo excesivo. A diferencia de la economía circular, que se centra en la eficiencia de los recursos (reciclaje, reutilización), la sobriedad tiene como objetivo reducir de forma absoluta el consumo de materias primas, garantizando al mismo tiempo el bienestar humano dentro de los límites planetarios.
En Europa, donde el consumo supera con creces las capacidades ecológicas del planeta, la sobriedad textil se convierte en una necesidad. Según un estudio reciente, un nivel de consumo sostenible se situaría en torno a cinco prendas nuevas por persona y año, una cifra muy alejada de las 68 prendas que compra de media cada año un europeo.
Para lograrlo, los ayuntamientos disponen de tres herramientas principales :
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Influir en los hábitos de compra (limitando la publicidad, regulando las rebajas, etc.).
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Prolongar la vida útil de la ropa (mediante la reparación, la reutilización y el reacondicionamiento).
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Sensibilizar a los ciudadanos (campañas educativas, eventos, talleres).
Actuar sobre los hábitos de compra : limitar la influencia de la publicidad
Una de las medidas más eficaces para reducir el consumo excesivo de textiles consiste en regular la publicidad, una herramienta que ya se ha utilizado con éxito para limitar el consumo de tabaco o alcohol. Varias ciudades europeas han dado el paso :
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Lyon ha reducido en un 75 % el número de vallas publicitarias en el espacio público y ha limitado su tamaño. Una decisión respaldada por el 80 % de los habitantes de Lyon, que ven en ella una oportunidad para los comercios locales.
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Ginebra ha puesto en marcha la iniciativa « Zéro Pub », cuyo objetivo es prohibir la publicidad comercial en los espacios públicos. Aunque el referéndum de 2023 fue rechazado por un estrecho margen, el debate ha inspirado a otros municipios suizos (como Lancy, Vernier o Berna) a restringir la publicidad exterior.
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Edimburgo ha prohibido la publicidad de las compañías petroleras, los aeropuertos, los coches de gasolina y los todoterrenos, al considerar que « la promoción de productos con una elevada huella de carbono es incompatible con nuestros objetivos de neutralidad de carbono ».
Estas medidas, aunque cuestionadas por algunos agentes económicos, demuestran que las ciudades pueden actuar sobre los factores culturales y comerciales para desalentar el consumo excesivo.
Reparar y reutilizar : hacer algo nuevo con lo viejo
La reutilización y la reparación son pilares de la sobriedad textil. Sin embargo, es fundamental velar por que estas prácticas no estimulen un nuevo consumo excesivo (como ocurre a veces con las plataformas de venta en línea, que fomentan una rápida renovación del vestuario).
Varias ciudades europeas han puesto en marcha medidas concretas :
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En Flandes (Bélgica), se ha fijado un objetivo de reutilización de 8 kg por habitante, con la creación de centros de reutilización en cada región. Las empresas sociales también se benefician de subvenciones para cubrir parte de sus costes operativos, en particular los salarios.
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En Austria, una «bonificación por reparación» reembolsa hasta el 50 % del coste de las reparaciones de ropa, lo que anima a los ciudadanos a prolongar la vida útil de sus prendas.
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En Copenhague, la iniciativa « Det Kollektive Klædeskab » (el armario colectivo) permite a los miembros depositar ropa que ya no utilizan y adquirir otra a cambio de puntos, fomentando así una economía circular local.
Las ciudades también pueden apoyar los modelos no comerciales, como los cafés de reparación, los intercambios de ropa o las bibliotecas de ropa (donde se toman prestadas prendas igual que se toma prestado un libro). Estas iniciativas, a menudo impulsadas por ciudadanos o asociaciones, merecen el apoyo logístico y financiero de los ayuntamientos.
Sensibilizar y educar : cambiar mentalidades
Para que los ciudadanos adopten comportamientos más sostenibles, es esencial educarlos e implicarlos. Varias ciudades han puesto en marcha campañas ambiciosas :
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Gante (Bélgica) organiza cada año el « Fair Fashion Fest », un festival dedicado a la moda ética y sostenible, con intercambios de ropa, mercadillos, exposiciones y debates.
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Ginebra financia el « GardReObes », un festival que reúne a los actores locales de la moda sostenible en torno a talleres, desfiles y coloquios.
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Nantes (Francia) ha puesto en marcha un « Slow Fashion Training », una formación gratuita para sensibilizar sobre la moda responsable, diseñada por la Escuela Audencia. En tres años, se ha formado a cerca de 440 personas (ciudadanos, empresas, estudiantes).
Estas iniciativas demuestran que la sensibilización puede adoptar diversas formas: eventos para el público en general, talleres prácticos, colaboraciones con centros educativos o incluso alianzas con los actores locales.
Hacer oír la propia voz : abogar por un cambio sistémico
Si bien las ciudades pueden actuar a nivel local, también tienen un papel que desempeñar a escala nacional y europea. Al unirse, pueden influir en las políticas y exigir una normativa más estricta contra la moda rápida.
Un ejemplo inspirador es el de Turku (Finlandia), que se ha sumado a más de 30 alcaldes de todo el mundo para firmar la « Declaración de la Moda Lenta » 1. Este texto insta a la Unión Europea, al G7 y a la OCDE a :
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Prohibir la publicidad de la moda rápida en los espacios públicos.
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Ampliar el mecanismo de ajuste por carbono en las fronteras (CBAM) a la industria textil.
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Prohibir las sustancias químicas peligrosas en los textiles.
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Crear una etiqueta europea para la «slow fashion».
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Adoptar una fiscalidad favorable a las empresas con impacto positivo.
Estas reivindicaciones colectivas demuestran que las ciudades, al unirse, pueden influir en las decisiones políticas y acelerar la transición hacia una moda más sostenible.
Caso práctico : Ginebra, un modelo de transición local
Ginebra ha llevado la experiencia un paso más allá al encargar un informe sobre la moda sostenible («Sustainable Fashion for Geneva?»)2. Este documento propone varias recomendaciones concretas :
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Aumentar la visibilidad de las iniciativas locales (a través de una plataforma en línea, festivales, etc.).
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Restringir la publicidad de la moda rápida.
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Crear un centro dedicado a la moda lenta, subvencionado por el ayuntamiento.
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Desarrollar competencias en reparación, mantenimiento y suprarreciclaje de prendas.
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Mejorar la gestión de los residuos textiles (puntos de recogida, clasificación, reventa, reciclaje).
Desde 2022, la estrategia climática de Ginebra incluye el consumo excesivo de ropa, reconociendo que la ciudad importa la mayor parte de sus productos (ropa, teléfonos, electrodomésticos, etc.), lo que dificulta la reducción de las emisiones de CO₂ relacionadas con su producción. Por ello, el ayuntamiento apuesta por la sobriedad, el uso compartido, el reciclaje y la economía circular para reducir su huella medioambiental.
Conclusión : las ciudades, punta de lanza de una moda más sostenible
Los retos que plantean la moda rápida y los residuos textiles son complejos y multifacéticos, y requieren una acción a todos los niveles (local, nacional y europeo). Sin embargo, como muestra este informe, las ciudades tienen un papel clave que desempeñar para catalizar el cambio e influir en los comportamientos de consumo.
Mediante la puesta en marcha de medidas de sobriedad textil —regulación de la publicidad, fomento de la reutilización y la reparación, sensibilización de los ciudadanos—, los ayuntamientos pueden acelerar la transición hacia una moda más sostenible, equitativa y circular. Los casos prácticos presentados (Ginebra, Lyon, Gante, Turku) muestran que ya están surgiendo soluciones innovadoras en Europa, lo que demuestra que el cambio es posible y necesario.
Sin embargo, las ciudades no pueden actuar por sí solas. Para lograr una transición sistémica, deben :
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Desarrollar marcos de seguimiento sólidos para evaluar el impacto de sus medidas.
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Fomentar la colaboración entre ciudadanos, empresas sociales y actores de la economía circular.
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Aprender de las experiencias de otros municipios y compartir las buenas prácticas.
En definitiva, la transición hacia un modelo más sostenible exigirá un esfuerzo colectivo de toda la sociedad. Pero al actuar ya desde ahora a nivel local, las ciudades pueden marcar el camino, reducir los residuos textiles, promover los principios de la economía circular y fomentar una cultura de consumo responsable, en consonancia con los límites ecológicos de nuestro planeta.
1 European City Mayors Sign Pioneering Declaration to Drive Sustainable Fashion (2023).
2 Vladimirova K. & Sahakian M., Sustainable Fashion for Geneva? (2023)
Referencias
Para ir más allá
Zero Waste Europe : www.zerowasteeurope.eu
Zero Waste Cities : www.zerowastecities.eu
Mission Zero Academy : www.missionzeroacademy.eu